domingo, 18 de abril de 2010

Diez años después...

Si diez años después te vuelvo a encontrar en algún lugar, no te olvides que soy distinto de aquél pero casi igual.
Aquello fue un gran punto de partida, pero a la vez qué fácil se te olvida.
Diez años después quién puede volver atrás.
Estamos en la tierra cuatro días y el cielo no me ofrece garantías:
diez años después mejor volver a empezar.
Si tu credulidad se deterioró en algún lugar, no te olvides que soy testigo casual de tu soledad.
Si diez años después no estamos igual, qué le vas a hacer.
Otros diez años más y luego, empezar de nuevo otra vez.
Aquello fue una linda primavera pero fue solamente la primera.
Diez años después el tiempo empieza a pesar.
Me quedan balas en la cartuchera pero te guardo siempre la primera.
Diez años después mejor reír que llorar.
Una carta te di que nunca escribí, que nadie leyó. Hoy, diez años después, todo sigue igual, nunca te llegó.
Dentro del corazón, al día de hoy, no queda lugar.
Si perdí la razón, no fue por amor, fue por soledad.
La vida es una gran sala de espera, la otra es una caja de madera.
Diez años después mejor dormir que soñar.
No se puede vivir de otra manera,porque si no la gente ni se entera.
Diez años después quién puede volver atrás.
(Diez años después)
Los Rodríguez

sábado, 13 de marzo de 2010

Señora de Rojo Sobre Fondo Gris



... A ella le aburrían los libros de texto; desde niña le aburrieron. En este terreno se movía un poco en la quimera. Amaba el libro, pero el libro espontáneamente elegido. Ella entendía que el vicio o la virtud de leer dependían del primer libro. Aquel que llegaba a interesarse por un libro se convertía inevitablemente en esclavo de la lectura. Un libro te remitía a otro libro, un autor a otro autor, porque, en contra de lo que solía decirse, los libros nunca te resolvían problemas sino que te los creaban, de modo que la curiosidad del lector siempre quedaba insatisfecha. Y, al apelar a otros títulos, iniciabas una cadena que ya no podía concluir sino con la muerte.


Señora de Rojo Sobre Fondo Gris
Miguel Delibes

martes, 26 de enero de 2010

El curso de los Dis-Cursos


Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel
se reresenta a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano

Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
"mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón".

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

Recuerdo Infantil
(Antonio Machado)

sábado, 10 de octubre de 2009

Roma en Todos los Sentidos

Buscas en Roma a Roma ¡oh peregrino!
y en Roma misma a Roma no la hallas:
cadáver son las que ostentó murallas
y tumba de sí proprio el Aventino.
Yace donde reinaba el Palatino
y limadas del tiempo, las medallas
más se muestran destrozo a las batallas
de las edades que Blasón Latino.
Sólo el Tiber quedó, cuya corriente,
si ciudad la regó, ya sepultura
la llora con funesto son doliente.
¡Oh Roma en tu grandeza, en tu hermosura,
huyó lo que era firme y solamente
lo fugitivo permanece y dura!
Poema A Roma Sepultada En Sus Ruinas de Francisco de Quevedo
Foto: Roma. Agosto 2009

viernes, 22 de mayo de 2009

La lluvia en Sevilla....






Sevilla tuvo que ser

con su lunita plateada

testigo de nuestro amor

bajo la noche callada...



Dos Cruces
Foto: Sevilla. Abril 2009

jueves, 14 de mayo de 2009

Mi abuela

Esta es mi abuela. Tiene 91 años y como todas las personas de su edad, sus inconvenientes. Pero he de decir, que para mi lo es todo. Aunque discutamos y en ocasiones tenga poca paciencia (ella ha de reconocer que tiene todo un carácter). Le debo todo lo que soy. Y, lo que no soy y pude haber sido también es debido a que, en su momento, no la escuché. De ahí lo del erizo. No podía por menos, que dedicarle estas palabras, ahora que he comenzado a escribir para no leer.
Foto: Salamanca. Mayo 2009

La elegancia del erizo

He de reconocer que me ha decepcionado profundamente. Si, es cierto, esperaba más. No diré que no hubiera preferido que el señor Ozu y la Señora Michel se hubiesen enamorado y fundado una familia de gatos y filosofías varias. Quizás eso quede relegado al nivel de cuentos como el de la cenicienta. Pero, qué demonios, yo prefiero el final de la cenicienta, aunque sólo nos relaten lo bueno del idilio a tener que aceptar que a ella se la lleve por delante una furgoneta (nada menos que atropellada por una furgoneta, vaya glamour).
Porque con esto lo que me quieren dar a entender es que, a pesar de tenerme entretenida (y engañada) durante casi 300 páginas, haciéndome pensar y creer que se puede ser diferente y brillante aunque el ambiente te sea hostil. Al final lo que me han demostrado es que todo se paga. Y que no, que va, no se puede ser distinta porque al final la furgoneta de la tintoreria en la que se sirvio para disimular su apariencia de erizo, la coloco nuevamente en el lugar del que no debería haber salido. Vaya osadía, pensar que podían ser amigos "e incluso todo lo que queramos"...
Por otro lado, no me ha quedado muy clara la relación entre la portera y la niña. Lo que parecía que iba a ser un nexo de unión más fuerte se limita a un par de ocasiones en las que comparten un té.
Y también hecho de menos una aclaración acerca de la posible relación que existe entre el señor ozu y el director de cine japonés.
Al principio todo se manifiesta con una gran tensión que finaliza con un atropello (sin ton ni son) y una pena infinita que cae sobre todos los protagonistas.
He de decir a modo de disculpa, que no suelo ser tran critica con las obras de los demás (hablo como si yo tuviera una y, no; no es así, pero queda guay) pero es que me ha decepcionado mucho, muchísimo. No os podeis imaginar cuanto.
Lo que en un principio era un himno y una ventana abierta a todos esos erizos que viven escondiendo todas sus virtudes bajo innumerables espinas. Terminó siendo una lección, que, puñetas, ya teníamos bien aprendida.
Y, ahora que me he desahogado.
Pido mil disculpas.

sábado, 13 de enero de 2007

Manual de desamor

Pensando defetos,
y no gracias; que olvidando,
defetos están pensando,
que no gracias, los discretos.
No la imagines vestida
con tan linda proporción
de cintura, en el balcón
de unos chapines subida.
Toda es vana arquitectura,
porque dijo un sabio un día
que a los sastres se debía
la mitad de la hermosura.
Como se ha de imaginar
una mujer semejante,
es como un disciplinante
que le llevan a curar.
Esto sí, que no adornada
del costoso faldellín;
pensar defetos, en fin,
es medecina aprobada.
Si de acordarte que vías
alguna vez una cosa
que te pareció asquerosa,
no comes en treinta días,
acordándote, señor,
de los defetos que tiene,
si a la memoria te viene
se te quitará el amor.
El perro del Hortelano
Lope de Vega

viernes, 12 de enero de 2007

... Algunos años de soledad


Habría podido guiarse por el olor si el olor no hubiera estado en toda la casa, tan engañoso y al mismo tiempo tan definido como había estado siempre en su pellejo. Permaneció inmóvil un largo rato, preguntándose asombrado cómo había hecho para llegar a ese abismo de desamparo, cuando una mano con todos los dedos extendidos, que tanteaba en las tinieblas le tropezó la cara. No se sorprendió, porque sin saberlo lo había estado esperando. Entonces se confió a aquella mano, y en un terrible estado de agotamiento se dejó llevar hasta un lugar sin formas donde le quitaron la ropa y lo zarandearon como a un costal de papas y lo voltearon al derecho y al revés, en una oscuridad insondable en que le sobraban brazos, donde ya no olía más a mujer, sino a amoniaco, y donde trataba de acordarse del rostro de ella y se encontraba con el rostro de Úrsula, confusamente consciente de que estaba haciendo algo que desde hacía mucho tiempo deseaba que se pudiera hacer, pero que nunca se había imaginado que en realidad se pudiera hacer, sin saber cómo lo estaba haciendo porque no sabía dónde estaban los pies y dónde la cabeza, ni los pies de quién ni la cabeza de quién, y sintiendo que no podía resistir más el rumor glacial de sus riñones y el aire de sus tripas, y el miedo y el ansia atolondrada de huir y al mismo tiempo de quedarse para siempre en aquel silencio exasperado y aquella soledad espantosa.
Cien Años de Soledad
Gabriel García Márquez

miércoles, 3 de enero de 2007

Tu recuerdo



Tu recuerdo sigue aquí, como un aguacero

Rompe fuerte sobre mí, pero a fuego lento

Quema y moja por igual, y ya no sé lo que pensar

Si tu recuerdo me hace bien o me hace mal

Un beso gris, un beso blanco

Todo depende del lugar

Que yo me fuí, eso está claro

Pero tu recuerdo no se va

Siento tus labios en las noches de verano

Ahí están, cuidándome en mi soledad

Pero a veces me quieren matar

Tu recuerdo sigue aquí...

A veces gris, a veces blanco

Todo depende del lugar

Que tú te fuiste, eso es pasado

Sé que te tengo que olvidar

Pero yo le puse una velita a to´s mis santos

Ahí está, pa´ que pienses mucho en mí

No dejes de pensar en mí

Tu recuerdo sigue aquí...

es antídoto y veneno al corazón (te hace bien)

que quema y moja, que viene y va

(¿tú donde estás?) atrapado entre los versos y el adiós

Tu recuerdo sigue aquí

Como aguacero de mayo

Rompe fuerte sobre mí

Y cae tan fuerte que hasta me quema hasta la piel

Quema y moja por igual

Y ya no sé lo que pensar

Si tu recuerdo me hace bien o me hace mal

Tu recuerdo sigue aquí

Rompe fuerte sobre mí

Pero que rompe, rompe, el corazón

Quema y moja por igual, sé que te tengo que olvidar

Si tu recuerdo me hace bien y me hace mal